¿Cuándo fue la última vez que compraste flores? Seguramente para una ocasión especial, ¿a que sí?

Pues te voy a contar algo. Hoy, un día cualquiera, es la mejor ocasión especial que existe. De ti para ti, para tu casa; sin prisas, sin presiones. ¿Te imaginas?

 

Comprar flores es dedicarte un tiempo para ti

Si has visto el vídeo que cuenta la historia de Blumenaria, sabrás que las flores han estado siempre presentes en mi vida, siempre a mi lado. Pero fue durante mis ocho años en Alemania cuando me quedé prendada del valor de lo cotidiano de las flores. Te cuento.

Al poco de llegar a Alemania, me percaté de que la gente allí compra flores de la manera más natural y habitual, sin esperar a tal o cual ocasión; como yo siempre digo, las incluyen en su lista de la compra de la semana: fruta, verdura, pan y flores. Porque sí, porque las flores forman parte de su día a día. Y porque pienso que, de alguna manera, comprar flores es dedicarte un tiempopara ti; es hacer un hueco en la agenda para disfrutar de ti; casi casi para celebrarte. Esta cultura floral que se siente y se respira allí es la que quise traerme conmigo a Segovia.

 

Natalia Berzal - Blumenaria - Taller Floral SegoviaNatalia Berzal - Blumenaria - Taller Floral Segovia

Natalia Berzal – Blumenaria – Taller Floral Segovia

 

Pero sigo. Durante mis primeros años en Alemania, compraba flores en la floristería que había en el camino del trabajo a casa. No es que fuera una floristería reseñable, pero sí recuerdo lo alucinada que me quedé el primer día cuando vi la variedad de flores que tenía (nunca antes había visto tantos colores y formas). Había días que compraba algunas flores sueltas y me las llevaba al trabajo. ¿Por qué no, si era el lugar donde más tiempo pasaba?

Y es que, más que decorar, lo que hacen las flores es transformar un espacio: crean un ambiente acogedor, levantan el ánimo y te harán sonreír según entres por la puerta, créeme.

 

«Ser flor es ser un poco de colores con brisa; la vida de una flor cabe en una sonrisa»Carlos Pellicer Cámara

 

Luego, empecé a trabajar en —sorpresa— una floristería familiar. Pasaba el día en la tienda entre claveles, lirios, flores de amarilis y un olor a fresco que no se me olvida, diseñando ramos y arreglos que luego vendíamos. Durante esa época, me llevaba flores de la tienda o las compraba todas las semanas o cada quince días, dependiendo de lo que me durasen; las ponía en la mesilla de noche, en la entrada, en el salón, incluso colocaba un violetero en el baño. Jugaba con el reducido espacio de mi apartamento y la variedad de formas y colores que había. Comprar flores para mí era traer un poco de la naturaleza y la luz a casa. Y, al igual que pasa cuando nos sentamos al sol o estamos en contacto con la naturaleza, las flores pueden hacernos sentir bien casi de forma inmediata.

Como decía, vine de Alemania con la ilusión de crear cultura floral en Segovia. Y es que las flores pueden estar en tu vida, en tu día a día, de una forma mucho más cotidiana, sin que haya un motivo especial. Bueno, sí, sí que hay un motivo: porque sí; porque a veces se nos olvida lo valioso que es el momento presente. ¿Hace falta que te diga algo más?

 

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